El Currículum

MEJOR INVESTIGACIÓN DEL AÑO, SEGÚN THE LANCET

Alberto Bouzas: “El 16 por ciento de los pacientes que incluimos en el estudio se hubiesen dado por sanos cuando realmente estaban enfermos”


Los resultados del estudio abalan un mayor papel de la ecocardiografía de ejercicio en el diagnóstico y en la estratificación pronóstica de pacientes con dolor torácico

Félix Espoz. Madrid
Una investigación sobre técnicas para detectar la enfermedad cardiovascular en pacientes con dolor torácico, dirigida por el investigador Alberto Bouzas, del Servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña, ha sido reconocida como el mejor artículo científico de 2009 por The Lancet. El trabajo premiado, que fue publicado en Journal of the American College of Cardiology, analiza la ecocardiografía de ejercicio en el diagnóstico de estos pacientes.

¿En qué consistió el estudio que ha sido galardonado?

La prueba que habitualmente se realiza para casos de pacientes con dolor torácico es la de esfuerzo convencional, que consiste en hacer caminar a un paciente por una cinta rodante y valorar si desarrolla dolor torácico o cambios en el electrocardiograma durante el esfuerzo. Nosotros seleccionamos a 4.000 pacientes que no desarrollaron ni dolor torácico ni cambios en el electrocardiograma durante la prueba de esfuerzo. A estos pacientes se les daría por sanos. Añadimos una ecografía del corazón durante el ejercicio. Pudimos detectar alteraciones en la contracción del corazón durante el esfuerzo en un 16 por ciento de estos pacientes. Estos hallazgos sugieren que el paciente tenía enfermedad en las arterias del corazón. Durante un seguimiento medio de 5 años observamos que estos pacientes con alteraciones en la contracción presentaban el doble de mortalidad y el doble de eventos cardiacos graves.

¿Cómo se realizó esta prueba?

Esta prueba consiste en realizar una ecografía del corazón mientras que el paciente está caminando en una cinta rodante. Aporta la misma información que una prueba de esfuerzo, pero además, los datos de la ecografía. Se aplica una sonda en el pecho del paciente y podemos visualizar directamente el corazón mientras el paciente realiza el esfuerzo. Habitualmente en otros centros hospitalarios la ecografía se realiza inmediatamente después de cesar el ejercicio con el paciente acostado en una camilla. Nosotros hemos visto que nuestra técnica es más sensible que la realizada en el post ejercicio para detectar alteraciones en la contracción del corazón, y por tanto para detectar enfermedad coronaria.

¿Se puede implantar esta técnica en cualquier hospital?

Es una técnica relativamente barata, porque el equipamiento que se necesita para llevarla a cabo está presente en casi cualquier hospital con servicio de cardiología. No supone un coste adicional muy grande respecto a una ergometría convencional, y, desde luego, es mucho más barata que otras técnicas de diagnóstico por imagen. Otra ventaja es que no utilizamos radiación, los ultrasonidos son inocuos, y no necesitamos administrar ninguna medicación, el estrés al que sometemos al corazón es el más fisiológico de todos, el ejercicio físico. Sobre si ¿se puede implantar en otros hospitales? evidentemente. Pero el principal hándicap de esta prueba es que se necesita un entrenamiento previo por parte del cardiólogo. Puede haber cierta dificultad en cardiólogos no experimentados para adquirir esas imágenes de ecografía durante el ejercicio.

¿Cree que los resultados obtenidos ayudarán a cambiar la forma de evaluar a los pacientes? Pensamos que nuestros resultados abalan un mayor papel de la ecocardiografía de ejercicio en el diagnóstico y en la estratificación pronóstica de pacientes con dolor torácico. El 16 por ciento de los pacientes que incluimos en el estudio se hubiesen dado por sanos cuando realmente estaban enfermos y presentaron más eventos durante el seguimiento.

El dolor torácico es uno de los motivos de consulta más frecuentes en los servicios de urgencia y un problema de primera magnitud, el volumen de pacientes es muy alto. Creo que este pudo haber sido uno de los motivos para que los editores de la revista The Lancet se fijaran en el estudio.

¿Qué ha significado para usted este reconocimiento? Para nosotros es un gran honor que nuestro trabajo haya sido seleccionado de entre todos los estudios que se han publicado en medicina este año en lengua inglesa. Es una satisfacción tremenda.