Tribuna

José Abellán Alemán, director de la Cátedra de RCV de la Universidad Católica de Murcia

Alimentación y enfermedad cardiovascular


Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de mortalidad y morbilidad en Europa. En el último año, 4,35 millones de europeos han fallecido por este motivo y han generado 1,9 millones de nuevas complicaciones cardiovasculares aproximadamente. En España fallecieron en 2009 unos 121.000 individuos por enfermedades cardiovasculares.


El control de los factores de riesgo cardiovascular se presenta como la mejor estrategia preventiva para frenar este desarrollo. Sin embargo, pese a los avances logrados en el control de la hipertensión, dislipemia y tabaquismo, el avance de la obesidad y la diabetes ensombrecen las expectativas al respecto.

Para que se presente la enfermedad cardiovascular es necesario que se desarrolle la lesión arteriosclerótica en la pared vascular. Los factores de riesgo cardiovascular favorecen el desarrollo de la lesión arteriosclerótica pero frente a estos están los llamados factores protectores del riesgo cardiovascular. Nos protege del riesgo cardiovascular una buena dotación genética con una adecuada interrelación gen-ambiente. Entre los factores ambientales protectores se encuentra una alimentación adecuada, la realización de ejercicio físico y los factores de cohesión social.

Existen evidencias consistentes acerca de que el seguimiento de estilos de vida asociados a la cultura occidental como una dieta rica en grasas saturadas e hipercalórica, junto con el sedentarismo y el hábito de fumar, juegan un papel importante en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular. En muchos individuos estos estilos de vida conducen a cambios bioquímicos que perturban sus características fisiológicas y aumentan el desarrollo de arteriosclerosis y promueven en última instancia complicaciones trombóticas.

El seguimiento de una alimentación correcta es uno de los factores protectores más importantes de la enfermedad cardiovascular en prevención primaria y a la vez es básico en el control de numerosos factores de riesgo una vez detectados, como es el caso de la obesidad, hipertensión, dislipemia, diabetes, síndrome metabólico etc.

La dieta mediterránea

La llamada dieta mediterránea es el patrón alimenticio propio de los pueblos ribereños del mediterráneo y que se seguía a mediados del siglo XX. La triada característica de esta dieta se caracteriza por una alimentación con base del cereal trigo del que se obtiene harina, la oliva de la que se extrae un aceite que sirve de base grasa para preparar los alimentos que se consumen y la uva de la que se fabrica el vino tinto que se consume con la alimentación. La dieta mediterránea es rica en alimentos vegetales locales, estacionales y mínimamente procesados. Su postre típico es la fruta. La grasa principal es el aceite de oliva, los lácteos se toman en cantidad baja. Se come pescado, la carne consumida es fundamentalmente de ave y se toma en cantidades escasas o moderadas. Se bebe vino tinto en las comidas.

¿Por qué esta dieta aporta beneficios protectores cardiovasculares? La respuesta habría que buscarla en las propiedades antioxidantes de sus componentes que contribuiría a un menor grado de oxidación del colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad), además el seguimiento de esta dieta ayuda al mantenimiento de un peso adecuado, disminuye la presión arterial, tiene efectos antiagregantes, etc. Todos estos datos se sustentan en investigaciones efectuadas por numerosos grupos de investigadores y publicadas en revistas científicas de alto impacto.

Se ha comprobado que aunque se tenga una dotación genética especialmente susceptible al desarrollo de la enfermedad cardiovascular, el seguimiento de una dieta mediterránea, reduce hasta en un 60 por ciento la aparición de complicaciones cardiovasculares. De ahí la importancia de controlar el ambiente para prevenir las complicaciones cardiovasculares.

Actualmente ha adquirido gran importancia el análisis del contenido en las dietas en ácidos grasos poliinsaturados, fibra, alimentos prebióticos y probióticos, fitoesteroles, péptidos lácteos etc. Surge el concepto de alimento funcional como aquel que contiene un elemento bien sea nutriente o no, capaz de ejercer unas determinadas acciones beneficiosas sobre el organismo más allá de su valor nutricional y que por sus propiedades le otorga el valor de saludable. Los hay naturales que contienen de forma natural sustancias beneficiosas y modificados en los cuales se elimina, cambia, aumenta o introduce un determinado elemento capaz de hacerlo más saludable. El mercado nacional de alimentos funcionales factura más de 3500 millones de euros por año lo que da idea de la importancia del tema.

Hablamos de alimentos naturlinea con el objetivo de reducir la grasa corporal, biofrutas que incorporan vitaminas, calcio y proteínas, naturcol para reducir las tasas sanguíneas de colesterol, otros que reducen la tensión arterial, otros antioxidantes, etc…

El papel de los péptidos lácteos

Dentro del área cardiovascular merece la pena destacar el posible papel que los péptidos lácteos pueden ejercer sobre el control de la tensión arterial. Generalmente se acepta que las proteínas de la leche no tienen otras funciones bioactivas mas que las ya conocidas. No obstante, algunos péptidos bioactivos pueden ser liberados por proteolisis enzimática (microbiana o no) y/o química. Estos péptidos biológicamente activos son absorbidos intactos y desarrollan funciones de modulación de la digestión, apetito y metabolismo endocrino, además de otros procesos regulatorios al unirse a receptores específicos. Dentro del reino animal, las proteínas más estudiadas como fuente de péptidos inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina son las proteínas lácteas, principalmente caseínas, tanto bovinas como humanas. Se han documentado bajadas tensionales con el consumo de este tipo de alimentos.

El consumo de fibra disminuye la absorción de colesterol por una interferencia en su ciclo enterohepático y del colesterol exógeno.

También se ha relacionado el consumo de alimentos prebióticos que son los que introducen un componente que estimula el crecimiento de ciertos microorganismos o alimentos probióticos que incorporan microorganismos vivos como responsables de descensos de las tasas de colesterol sérico.

El consumo de ácidos grasos poliinsaturados, omega 6, omega 3, tiene acciones beneficiosas. Indudablemente el más documentado en estudios es el consumo de ácidos grasos monoinsaturados propio del aceite de oliva. Así se llega a productos como huevos, leches etc. enriquecidos con este tipo de ácidos grasos para aportar beneficios metabólicos y cardiovasculares.

Otro apartado importante lo forman los alimentos con propiedades antioxidantes, concretamente el grupo de los polifenoles, flavonoides y no flavonoides entre los que se encuentran los estilbenos cuya fuente principal es la uva, el vino y los cacahuetes.

Los fitoesteroles son compuestos que se encuentran en pequeñas concentraciones en los aceites vegetales, legumbres, cereales, frutas y algunos frutos secos. Tienen una estructura parecida al colesterol al que logran desplazar de las micelas de absorción y reducen la tasa de esterificación del colesterol en el enterocito, reduciendo los niveles de LDL colesterol.

En este mundo tan apasionante es preciso discernir entre lo que tiene una base científica y cuanto hay de engaño. No se puede reducir el tema a consumir un tipo de alimento, sino más bien conocer las propiedades y efectos que se atribuyen a determinados alimentos que pueden servir de ayuda en el control del paciente cardiovascular. Como corolario de lo dicho se podría concluir que una alimentación variada es la base de la salud, sin renegar de la dieta que nos legó el desarrollo cultural del los pueblos que se asentaron en el Mediterráneo.