Hablando de ciencia

DIRECTOR DE LA UNIDAD DE ARRITMIAS DEL HOSPITAL SANT PAU

Xabier Viñolas: “La monitorización remota nos permite un mejor control, más seguridad y optimizar los recursos”


Los pacientes “lo demandan” y señalan que “están mejor controlados, más cómodamente y que el sistema es extremadamente fácil de usar para ellos”

Félix Espoz. Madrid
El sistema de monitorización remota en pacientes que llevan un desfibrilador automático implantable, con o sin resincronización, ha permitido un mejor control de los mismos, más seguridad y optimizar los recursos, según explica Xabier Viñolas, director de la Unidad de Arritmias del Hospital Sant Pau de Barcelona.

¿En qué consiste la monitorización remota?

Cuando un enfermo lleva un DAI o un marcapasos necesita hacer se una serie de controles rutinarios, tanto médicos de su enfermedad, como técnicos del aparato. Hasta ahora se realizaban a través de un ordenador externo. El enfermo venía al hospital lo poníamos cerca del programador y podíamos ver los datos que había recogido el aparato, y si teníamos que modificar algo en la programación lo hacíamos a través del ordenador.

Hoy en día, toda la parte de recolección de datos del dispositivo se puede hacer de forma remota. El paciente tiene en su casa un trasmisor que se comunica cada día, a una hora determinada, de forma inalámbrica y sin que el paciente lo note, con el aparato que tiene implantado y recoge todos los datos.

Evita que el paciente venga al hospital para los controles del aparato. Acude sólo cuando tenemos que reprogramar algo, ya que no lo podemos hacer de forma remota. Esto para el paciente tiene una ventaja muy importante. Es mucho más cómodo.

Además, esta situación ha permitido que podamos intensificar el seguimiento de los pacientes. Si antes veíamos los veíamos cada seis meses (las consultas están saturadas porque cada vez implantamos más DAI), hoy en día, lo puedes programar cada dos o tres meses; es mucho más fácil, el paciente no tiene que venir y sólo debes ver la información sin más.

Otro gran avance de este sistema es que entre los seis meses de los controles, si había algún problema grave en el dispositivo te enterabas porque el enfermo se daba cuenta si tenía una arritmia muy grave. Imaginemos una situación excepcional, pero que puede pasar: que el aparato deje de funcionar por una interferencia. La ventaja de la monitorización remota es que como se comunica cada día detectaría que no funciona y recibiríamos una alerta indicándonos que el aparato no está funcionando correctamente.

En resumen, es un sistema que el paciente tiene en su casa que, por un lado, nos envía información cuando nosotros lo programamos cada tres meses, y, por otro lado, se comunica cada día con el dispositivo del paciente y si detecta una anomalía grave nos lo comunica inmediatamente. Facilita la vida del enfermo al disminuir los controles puramente técnicos y aumenta su seguridad, ya que si hay un problema grave lo sabremos enseguida.

¿Qué tipo de pacientes se puede beneficiar de este avance?

Nuestra experiencia es con pacientes que llevan un desfibrilador automático implantable. De estos pacientes hay dos grandes grupos. Uno, los que llevan el aparato por prevención primaria, que no han tenido nunca una arritmia y que su probabilidad de tenerla en un año es de un 7-8 por ciento. Este es un grupo de pacientes que se beneficia mucho porque tiene que venir muy poco al hospital para los controles técnicos, sólo para el control de su patología.

El segundo grupo lo componen pacientes con DAI y resincronización cardiaca, que son los desfibriladores que ponemos a pacientes con insuficiencia cardiaca. En estos, además de los controles eléctricos, el aparato hoy en día es capaz de registrar algunos parámetros clínicos. Con la información que recoge el dispositivo podemos tener una orientación de si el paciente se está descompensando. Nos posibilita determinar si hay acumulo de líquidos en los pulmones, primera indicación de una insuficiencia cardiaca. De ser así, salta una alarma y podemos anticipar los tratamientos y evitar ingresos hospitalarios. La monitorización remota nos aporta una ayuda en el manejo clínico de estos pacientes.

Además, se pueden beneficiar pacientes con marcapasos, pero nuestra experiencia es muy pequeña en este sentido. Si tienen un dispositivo de control remoto, cuando el marcapasos está llegando al agotamiento de la batería no les hace falta ir tan a menudo a comprobar si aún les queda batería o hay que recambiarlo, ya que la medición se hace de forma diaria desde su casa.

En los pacientes con DAI, si vemos alguna anomalía o que presenta muchas arritmias, aunque no se dé cuenta, nos podemos anticipar con tratamiento y evitar más complicaciones. Todo redunda en aumentar el control de los pacientes sin que esto suponga un deterioro de la calidad de vida de los mismos (por tener que venir mucho al hospital) ni una sobrecarga muy notable del trabajo en el centro. Controlar mucho mejor, optimizando los recursos y con más seguridad que la que teníamos anteriormente.

¿Se benefician de la monitorización remota sólo los pacientes a los que se les implanta ahora un DAI o también los que tenían uno antiguo?

En principio, la mayor parte de los pacientes con dispositivos de última generación se podrían beneficiar. Es decir, muchos de los sistemas de control remoto aceptan dispositivos de los últimos años. Nuestra experiencia es esencialmente con las nuevas generaciones de dispositivos, con los que se han implantado desde 2008. Pero, algunos del año 2007 y 2006 también son compatibles con estos sistemas. En resumen, todos los dispositivos del último año son compatibles con monitorización remoto y bastantes de los dispositivos previos lo podrían ser.

La ventaja de los dispositivos actuales respecto a los más antiguos es que el paciente no tiene que hacer nada. La comunicación mediante el sistema de trasmisión es inalámbrica y no se da cuenta de la comunicación. En los aparatos que no poseen esa telemetría inalámbrica el paciente debe colocarse un cabezal que sale del dispositivo. Tiene que haber una intervención por parte del paciente. Pero eso no le quita valor, sólo añade una pequeña incomodidad.

En la actualidad, todo paciente al que se le implanta de nuevo un desfibrilador o que se le recambia el desfibrilador porque se le ha agotado cuentan con monitorización remota. Además de situaciones especiales.

¿Cuántos pacientes disfrutan ya de este sistema?

Empezamos en 2009. Actualmente tenemos 170 enfermos con sistema de control remoto de los 500 pacientes con desfibrilador que estamos controlando y a final de año tendremos 260. Con un crecimiento de 120 pacientes al año, tenemos la previsión de que todos nuestros pacientes estén en control remoto en un plazo aproximado de tres años.

¿Qué valoración hace el paciente del sistema?

Hemos realizado encuestas de calidad y los pacientes responden que están satisfechos con el sistema. Contestan que están mejor controlados, más cómodamente y que el sistema es extremadamente fácil de usar para ellos.

¿Los pacientes les demandan pasar a este nuevo sistema?

Poco a poco, sobre todo en nuestro centro en el que hay muchos pacientes en control remoto, empieza a haber pacientes que tienen amigos que ya están en control remoto y nos lo piden. Al principio pensábamos que los pacientes serían reacios al cambio, pero ha sido al revés, tienen ganas de estar en control remoto. Les aporta un plus de comodidad y de seguridad. Hay una demanda. Poco a poco se les va explicando que si su dispositivo es compatible intentaremos ponérselo y si no lo es, habrá que esperar al recambio.

¿Cómo ve el futuro de esta tecnología?

Creo que el futuro empieza aquí y que habrá más cosas. El control remoto va a aportar muchos beneficios al paciente. No significa que el hospital le abandone, sino que le ofrece un mejor control, más fácil y más exhaustivo. La experiencia que estamos adquiriendo con los dispositivos y con los pacientes de insuficiencia cardiaca hará que podamos extenderla a un control remoto de la propia enfermedad, como tensión arterial, peso, etc. Es decir, que el paciente venga al hospital sólo cuando sea estrictamente necesario, evitar ingresos hospitalarios y poder iniciar tratamientos domiciliarios mucho antes. Es un camino para mejorar la calidad del control de los pacientes.