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Miércoles, 26 de marzo de 2014   |  Número 76
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EN PRIMERA PERSONA
FRANCISCO GARCÍA-COSÍO, DIRECTOR DEL XXVI CURSO DE ARRITMIAS Y ELECTROFISIOLOGÍA CLÍNICA
“Se sigue aplicando la idea simplista de que los fármacos antiarrítmicos evitan la muerte”
Afirma que el negativismo total no es viable porque hay pacientes que se benefician claramente, aunque sólo sea desde el punto de vista sintomático

Sandra Melgarejo. Madrid
El Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Getafe (Madrid) ha organizado el XXVI Curso de Arritmias y Electrofisiología Clínica que, en esta edición, se ha centrado en el uso racional de los fármacos antiarrítmicos. Francisco García-Cosío ha sido uno de los directores de esta actividad formativa patrocinada por las secciones de Arritmias y Marcapasos de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y por la Sociedad Castellana de Cardiología. En opinión de este especialista, era necesario revisar los fármacos antiarrítmicos porque existe mucha confusión al respecto y porque, al fin y al cabo, “la inmensa mayoría de los pacientes que sufren arritmias crónicas acaban por depender de estos medicamentos”.

Francisco García-Cosío, director del XXVI Curso de Arritmias; Agustín Pastor, médico adjunto de la Sección de Arritmias del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Getafe; Manuel Freire, director médico del Hospital Universitario de Getafe; Ambrosio Núñez, médico adjunto de la Sección de Arritmias del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Getafe.

Esta edición del curso se ha centrado en el uso racional de los fármacos antiarrítmicos, ¿por qué?

Hacía unos diez años que no hablábamos de fármacos antiarrítmicos y nos pareció que este año había que hacerlo porque hay mucha confusión con respecto a este asunto. Es muy brillante hablar de la curación de las arritmias auriculares a través de la ablación con catéter y de las arritmias ventriculares con un desfibrilador, pero, al final, la inmensa mayoría de los pacientes que sufren arritmias crónicas, como la fibrilación auricular o las arritmias ventriculares asociadas a cardiopatías, acaban por depender de fármacos antiarrítmicos, si no continuamente, sí en etapas muy amplias de su evolución.

¿Cuál es la confusión que existe entonces con respecto a los fármacos antiarrítmicos?

A veces son muy efectivos y, otras veces, son muy tóxicos, así que el uso es difícil. Son pacientes que, con frecuencia, tienen muchas cardiopatías asociadas y cualquier fármaco plantea problemas. Pero también ha habido una filosofía extremadamente simplista que, aunque mostró su fracaso en 1989, se sigue intentando aplicar y es la idea de que con los fármacos antiarrítmicos se impiden las arritmias y que la gente se muera de repente. El estudio CASP probó unos fármacos antiarrítmicos nuevos potentísimos –algunos todavía se utilizan–, pero cogía una población de mucho riesgo: pacientes que habían padecido un infarto de miocardio y que tenían arritmias ventriculares registradas en holter. Incluyeron en el estudio sólo a los pacientes en los que las arritmias prácticamente desaparecían cuando se les administraban estos fármacos y creyeron que esos pacientes se morirían menos. Pero fue al revés; se morían más. Aquello fue un desastre comercial y conceptual porque todos sabemos que, en algunos casos, son necesarios esos fármacos y que el negativismo total no es viable porque hay gente que se beneficia claramente, aunque sólo sea desde el punto de vista sintomático.

Recientemente, con la comercialización, después de muchos años, de un nuevo fármaco antiarrítmico para la fibrilación auricular se volvió a intentar lo mismo: dárselo a pacientes que no tenían fibrilación auricular porque les iba a proteger de la muerte. Y, nuevamente, aumentaron las muertes. Es complejo porque los mecanismos de las arritmias son complicados y porque la necesidad de promociones comerciales lleva, a veces, a plantear estudios que no hacen más que plantear problemas, es decir, que en vez de dar respuestas plantean nuevas preguntas. No obstante, sí que hay algunas indicaciones muy claras para diversos fármacos antiarrítmicos.

¿Cuál era el objetivo del curso?

Se trataba de poner las cosas en su sitio: conocer qué pacientes se benefician de los fármacos antiarrítmicos. En el curso primero se describió lo que se conoce sobre la fisiología de la electricidad cardiaca, un tema muy complejo pero, a la vez, muy bonito, y a qué nivel actúan los fármacos antiarrítmicos que modulan el paso de la electricidad. Después, la mayor parte del curso se dedicó a las aplicaciones concretas en arritmias concretas y al debate de cuándo tratar o no las arritmias. Es decir, cómo encajamos en la clínica del día a día estos conocimientos y con qué precauciones, teniendo en cuenta que tratamos al paciente en su conjunto. Intentamos que el curso no sea un libro de texto, sino que estimule a los asistentes a entender y estudiar detalles concretos.

Este curso se lleva celebrando ya 26 años…

A los organizadores nos sorprende su buena marcha, a pesar de las dificultades actuales que atraviesan algunas actividades educativas que dependen de la industria. Probablemente se debe a que no es un curso que se dedique a decir qué es lo último que ha salido –que después puede tener aplicación en el paciente o no–, sino a que se trata de una revisión de temas concretos que van cambiando cada año.

 

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