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Lunes, 16 de julio de 2012   |  Número 56
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EN PORTADA
PRESIDENTE ELECTO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE CARDIOLOGÍA Y RESPONSABLE DEL ÁREA DE FORMACIÓN CONTINUADA
Dr. González-Juanatey: “Debemos establecer la filosofía de la recertificación”
“Los jefes de servicio tenemos mucha capacidad de gestión, es nuestra obligación mantener un diálogo con los máximos responsables del hospital para mejorar la asistencia”

Eva Fariña. Imagen: Diego S. Villasante. Madrid
El presidente electo de la Sociedad Española de Cardiología, José Ramón González-Juanatey, es también el máximo responsable del área de formación continuada (FC). Entre sus principales iniciativas destaca el fomento de la formación continuada vía online, que registra una excelente respuesta entre los profesionales españoles y también extranjeros, según ha comentado en esta entrevista concedida a Publicación Médica de Cardiología. También explica qué criterios debería tener la recertificación de los cardiólogos.

“La formación continuada es uno de los pilares de la Sociedad Española de Cardiología”.

“Hay multitud de actos médicos que no aportan valor ni al diagnóstico ni al tratamiento”.

¿Qué proyectos está poniendo en marchar durante los primeros años de su ejercicio como responsable del área de formación continuada de la SEC?
El área de formación continuada es uno de los pilares de la SEC en España, tanto para cardiólogos como para no cardiólogos interesados en las enfermedades cardiovasculares, es decir, médicos de Atención Primaria, internistas, neurólogos, nefrólogos, etc. Además, también es un pilar para cardiólogos y no cardiólogos de Latinoamérica. Nosotros hemos continuado con el desarrollo de la formación continuada presencial en nuestra sede de la Casa del Corazón de Madrid. También estamos realizando concursos presenciales extramurales en otras ciudades de España, e, incluso de fuera de España. Y lo que más estamos intentando desarrollar es la formación acreditada vía online, a través de la página web de la SEC o de otras páginas. Se trata de una formación continuada estructurada, evaluable en cuanto al tiempo de dedicación y a la asimilación de contenidos, y certificable, tanto por la SEC como por universidades de España. La mayoría de los masters y los cursos de especialidad que se han puesto en marcha, y que queremos seguir desarrollando, tienen siempre una acreditación de la sociedad científica, del Sistema Nacional de Salud y de universidades españolas o latinoamericanas (de México y Argentina).

También desarrollamos actividades de debate con expertos vía internet, con sesiones en directo que tienen mucho impacto. Se anuncian en la página web de la sociedad y posteriormente los interesados pueden participar a través de un chat. Es una forma de interaccionar, y el resultado es espectacular, porque muchos profesionales hacen preguntas o envían sus comentarios. Por tanto, el desarrollo de la formación continuada vía online es un elemento clave que debemos fomentar. También tenemos que internacionalizar la Sociedad Española de Cardiología: la SEC debe ser un referente no solo para tratar las enfermedades cardiovasculares en España, sino que también debe ser una herramienta para todos los profesionales que hablan castellano. Nuestro país ya es centro de formación presencial para muchos cardiólogos latinoamericanos, pero también debe ser el núcleo de su formación continuada vía internet.

¿Qué criterios de certificación tiene la SEC para acreditar los cursos que se hacen vía internet?
El profesional se tiene que conectar y debe cubrir una evaluación en las cuatro horas siguientes a la finalización del curso. Tiene un plazo máximo de cuatro horas para realizar un cuestionario de evaluación, con preguntas para que, posteriormente, pueda conseguir los créditos. El sistema está bien desarrollado por toda el área TIC de la sociedad. Se conecta mucha gente, algunos solicitan la acreditación, y otros, no. Al no tratarse de una intervención presencial, sino vía web, los participantes se sienten libres de hacer sus preguntas y sus comentarios.

¿Cuánta gente sigue estos encuentros online?
Algunas veces nos hemos sorprendido con este tipo de directos y sesiones sobre un tema que se anuncia previamente. Cualquier profesional desde su casa puede acceder a través de internet y ver en directo la presentación de un determinado especialista, y el debate posterior. Por ejemplo, uno de las sesiones dedicadas a la insuficiencia cardiaca tuvo unas 6.000 personas conectadas, que es una barbaridad y desbordó todas nuestras previsiones. La mayoría de estos seguidores eran de fuera de España, y es que la SEC también quiere ser vehículo de formación continuada para otros países. Tenemos que fomentar la formación presencial, por supuesto, pero también nos interesa la formación online de calidad y acreditable. El objetivo es que la gente tenga a la SEC como una plataforma para la renovación constante de sus conocimientos en materia de enfermedades cardiovasculares.

“La SEC quiere desarrollar un sistema para evaluar la formación de los residentes”.

“Los jefes de Servicio tenemos mucha capacidad de gestión”.

¿Qué profesionales imparten estos cursos?
Como siempre, son expertos de reconocido prestigio. La SEC selecciona, en función de los temas, a cardiólogos, habitualmente españoles, pero en alguna ocasión también hemos invitado a alguien de fuera de España. Cuando se tratan temas más generales invitamos a otros profesionales, como internistas. En cualquier caso, siempre son expertos en el tema que se va a debatir.

El abordaje del paciente con problemas del corazón debe ser integral. Cada vez más se potencia la idea del Área del Corazón, de la que es usted muy partidario.
El tratamiento de las enfermedades cardiovasculares (ECV) debe planificarse en función del paciente, y no de los especialistas médicos. Hay muchos profesionales implicados en el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento del paciente con ECV, como médicos de Atención Primaria, internistas, cardiólogos, y también la Enfermería del hospital, la de los centros de salud, etc. Es necesario desarrollar programas de formación continuada atractivos para todos estos colectivos, porque no solo los cardiólogos estamos en el mundo de las enfermedades del corazón, sino que hay otros muchos profesionales que tienen responsabilidades directas, y nosotros tenemos la obligación de reunirnos con ellos e, incluso, de debatir en términos de igualdad cómo debemos abordar un determinado problema, porque cada uno puede tener una visión complementaria y enriquecedora, máxime en estos tiempos, en los que es necesario ir hacia la eficiencia.

El sistema sanitario público español es nuestro mayor logro social y seguirá siéndolo si es capaz de seguir aportando excelencia en el diagnóstico y el tratamiento de los pacientes. Tenemos que luchar para que no se convierta en una especie de asistencia social o medicina de bajo nivel, y que cuando alguien quiera una medicina de excelencia tenga que ir a la sanidad privada. Hasta ahora, en España eso no sucede. La medicina pública es la que ofrece la mayor excelencia. Mi compromiso en la Sociedad Española de Cardiología es luchar e intentar preservar la excelencia para los ciudadanos, con independencia de su nivel económico o su procedencia social.

Hay muchas áreas en las que podemos ser más eficientes. De hecho, hay multitud de actos médicos que no aportan valor ni al diagnóstico ni al tratamiento, como la reiteración de consultas. España es el país de la Unión Europea con más actos médicos por habitante, y muchos son innecesarios. Se realizan una gran cantidad de pruebas complementarias, a veces muy costosas, que no son necesarias, porque están repetidas o no son adecuadas. Ahí se está tirando literalmente una gran cantidad de dinero.

En el ámbito de los fármacos es donde más trabajo se ha hecho, yo estoy totalmente de acuerdo con la política de genéricos, pero si hay algo que realmente innova y aporta valor, hay que incorporarlo a los pacientes. Creo que en este campo la política que se está realizando es acertada, y también en cuanto a prótesis, dispositivos, etc.

El gran despilfarro de la sanidad pública está en actos médicos y reiteraciones de consultas que no sirven para nada, reiteraciones de pruebas complementarias que no aportan nada nuevo. Los profesionales tenemos que liderar el cambio, con el objetivo de que los ciudadanos puedan seguir accediendo a una medicina de alta calidad. Debemos reconducir todo el dinero que se está malgastando en determinadas áreas de la sanidad para conseguir mayores cotas de excelencia. Y la formación continuada es fundamental, porque solo con formación continuada tú puedes ofrecer a tu paciente la medicina de hoy, y solo desprendiéndose de lo ineficaz, tú tienes los recursos económicos para ofrecer a tu paciente lo que necesita. Estos son los dos grandes retos, que, sin duda, se unen.

Con este objetivo de eficiencia, ¿también habría que replantearse el abordaje de los pacientes crónicos?
Por supuesto, el manejo de la cronicidad es el gran reto del sistema sanitario y del sistema social. ¿Dónde debe atenderse al paciente crónico?, ¿cómo trasladar el hospital a su domicilio o a residencias asistidas? No puede ser que los hospitales tengan estancias de tiempo a veces desmesuradas. Son instituciones muy caras que deben dedicarse para la atención de los pacientes en determinado momento de su enfermedad, pero después hay que desarrollar todo un sistema social de atención a la cronicidad. Muchos pacientes pueden y deben ser atendidos en el medio ambulatorio. El hospital no puede ser un ‘almacén’ de pacientes, tiene que ser un lugar transitorio para el manejo de una determinada descompensación o una enfermedad aguda. El manejo de la cronicidad tiene que hacerse siempre en el ámbito ambulatorio, y este creo que es otro de los grandes retos de la sociedad española. En Galicia, por ejemplo, con una población muy envejecida, es un desafío especial resolver los problemas de la cronicidad.

El presidente Vicente Bertomeu tenía la intención de plantear a la Comisión Nacional de la Especialidad reorganizar la formación de los residentes de Cardiología. ¿Cómo valora los cambios que supone la aprobación de la troncalidad?
Se han hecho modificaciones en el programa de formación hacia la troncalidad, y yo creo que hay que ir hacia la recertificación también de los residentes. La SEC ya tiene ideas en este sentido, con la idea de desarrollar algún sistema para evaluar la formación que los residentes han tenido durante todo su periodo formativo. España tiene un gran problema, que es la recertificación médica, que todavía no está resuelta. Incluso hay diferencias entre comunidades autónomas. La SEC podría ofrecer un marco de certificación y de acreditación global, que es hacia donde nos debemos dirigir los profesionales en España. Es absolutamente necesario. No puedes acabar una carrera y pensar que tienes una licencia para ejercer durante toda tu vida, sin ningún otro tipo de condicionantes. Hay que establecer la filosofía de la recertificación. Los residentes deben hacer una prueba general cada año y al final de su periodo de residencia, fuera de su hospital. Y los demás médicos, durante un periodo que se considere, tienen que desarrollar determinadas actividades de formación acreditadas y justificadas, e, incluso, algún sistema de certificación. Esto quizás vaya también por las áreas de capacitación. En definitiva, la recertificación en formación continuada en Medicina es un reto social que yo también espero que se aborde definitivamente y de una forma seria.

“Debemos resolver cada acto médico en el nivel asistencial adecuado”.

“La SEC debe promover la investigación y la formación continuada acreditada”.

Actualmente la carrera profesional, aunque apenas se está cumpliendo, se basa en la antigüedad del médico.
Eso es terrible, soy totalmente contrario a que la antigüedad sea el elemento central de valoración, no puede ser. Si un médico lleva muchos años en el sistema le pueden dar un plus económico o una medalla, pero el tiempo no puede ser el elemento central de la carrera profesional. Los cambios deben basarse en la capacitación y en los méritos acreditados. Debemos premiar la excelencia, reconocer los méritos de la gente que se implica, que capta recursos, que publica, que está en el día a día y que participa en la formación continuada. Esa gente tiene que tener un reconocimiento mayor que el actual en su carrera profesional. El problema es que no se lleva a cabo. En el tema de la certificación debería llevarse a un acuerdo entre las distintas CCAA, y en este asunto desde la SEC también queremos jugar un papel cohesionador, si es posible, con las sociedades autonómicas de Cardiología para que la certificación de la SEC tenga validez en todos los sistemas de salud.

¿Cómo considera que debería ser el modelo de recertificación?
Hay multitud de iniciativas, sobre todo de recertificación por determinadas actividades de formación continuada. Así, se debe valorar la asistencia a determinados cursos. En el caso de los cardiólogos intervencionistas, por ejemplo, se debe contemplar las técnicas que realiza y sus resultados. No solo cuenta la asistencia, sino también una evaluación posterior. Por tanto, debe haber créditos de participación en formación continuada, créditos en la actividad asistencial, créditos en función de la implicación en la investigación, que es una obligación moral, sobre todo cuando trabajamos en un hospital universitario o de tercer nivel. Debemos contribuir al desarrollo de la ciencia, y en algunas ocasiones la investigación cuenta muy poco. Hay que estimular que los cardiólogos jóvenes, y los no tan jóvenes, se impliquen en proyectos de investigación relacionados con su actividad asistencial. Si tenemos problemas económicos, vamos a dejar de gastar en actos que no aportan valor y, sobre todo, vamos a premiar la excelencia, es la oportunidad para hacer una medicina asistencial de alta calidad.

Como máximo responsable del Servicio de Cardiología de un complejo hospitalario tan importante como el de Santiago de Compostela, ¿tiene capacidad de gestión para decidir qué actos médicos son necesarios y cuáles no?
Sí, tengo esa capacidad, debo reconocer que la tengo. Si los profesionales nos implicamos, tenemos el conocimiento y dialogamos con los gestores, podemos hacer gestión si nuestras iniciativas van dirigidas a una mejor atención de los pacientes. Los jefes de servicio tenemos mucha capacidad de gestión. Es nuestra obligación mantener un diálogo con los máximos responsables del hospital. No puedo estar siempre pidiendo un aumento del gasto, tengo que analizar si estoy gastando en áreas que no son necesarias. Cada año vemos a 6.000 pacientes por primera vez, en lo que llamamos ‘acto único’, de tal forma que el cardiólogo que ve el paciente no puede pedir pruebas, sino que las tiene que hacer él mismo, salvo que se trate de un cateterismo o la colocación de un marcapasos. De esta forma, se reduce mucho los pasos a seguir, puesto que el paciente ya sale de la consulta con un diagnóstico y un plan, no tiene que volver a hacerse pruebas y a conocer el resultado de esas pruebas.

Pinche aquí para ver la entrevista completa.

De esos 6.000 pacientes, solo el 7 por ciento necesita una segunda consulta. La Medicina tiene que acostumbrarse a resolver en su nivel asistencial adecuado. Nosotros vamos a dar un paso más y queremos consensuar con Atención Primaria un protocolo de derivación. Los jefes de servicio tenemos mucha capacidad de gestión también en el ámbito de los dispositivos como los marcapasos, la hemodinámica, con el objetivo de mantener la excelencia. En la misma línea, creo que un hospital tiene que saber cuál es su índice de mortalidad en el tratamiento de los infartos. Debe compararse con una referencia de un cierto prestigio. Si el índice es mayor, debemos revisar qué se está haciendo mal y cómo podemos mejorar. ¿Usted se operaría en un hospital en el que la mortalidad es un cinco por ciento mayor que en otro centro que está a cien kilómetros? Tenemos que establecer estándares de mínimos, y es algo a lo que debemos acostumbrarnos los servicios, los gestores y las sociedades científicas. Para mí es un objetivo desarrollar un plan de mínimos asistenciales, de calidad asistencial para el desarrollo de la Cardiología. ¿Cuál es el mínimo de calidad asistencial por debajo del cual un servicio se debería reevaluar? En primer lugar, hay que medir la actividad para conocer, por ejemplo, la mortalidad hospitalaria, a los 30 días y al año. Es la única forma de progresar, y los jefes de servicio tienen que ejercer toda la capacidad de gestión que tienen, que es mucha. Son el vértice de la pirámide asistencial, y debemos estar implicados con la calidad del sistema y sus sostenibilidad.

Aunque todavía quedan muchos meses para que acceda a la Presidencia de la SEC, ¿ha pensado ya cómo quiere que sea su mandato? ¿Qué novedades puede adelantar?
La Sociedad Española de Cardiología tiene una serie de funciones, entre ellas una labor social muy importante que se desarrolla desde la Fundación Española del Corazón. Además, la SEC tiene que promover la investigación en la medida de sus posibilidades, así como la formación médica continuada acreditada de todos sus profesionales. El congreso nacional de Cardiología es otro elemento central de desarrollo de la sociedad. Y todo ello está enfocado hacia dos bases: por una parte, la formación de los profesionales, cardiólogos y no cardiólogos, y la investigación. También tenemos que promover la internacionalización, la SEC debe tener una vocación más allá de España. Debemos ser una plataforma atractiva y de excelencia para los profesionales de Latinoamérica, incluso de Brasil. En definitiva, mi objetivo fundamental es mantener la excelencia asistencial, y es algo que solo se consigue con una formación excelente de los profesionales implicados en la asistencia. Debemos colaborar con la Administración, aportar iniciativas, orientar en políticas sanitarias, proponer nuevas modalidades de gestión y de organización de los procesos asistenciales, con el objetivo de mejorar la eficiencia.


 

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