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Jueves, 10 de marzo de 2011   |  Número 28
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LA SEC RECOMIENDA SEGUIR LAS GUÍAS DE PRÁCTICA CLÍNICA DE REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR
Tras la parada cardiaca, cada minuto sin actuar reduce un 10 por ciento las posibilidades de supervivencia
Nekane Murga considera “imprescindible la formación continuada tanto a los especialistas de la sanidad como al público general”

Redacción. Madrid
La Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha advertido de la importancia de intervenir de manera rápida y eficaz tras una parada cardiaca, siguiendo el protocolo marcado por las Guías de Práctica Clínica de Reanimación Cardiopulmonar. Durante el primer minuto transcurrido tras el evento cardiaco, las posibilidades de supervivencia si se comienza una reanimación básica, sin esperar al personal especializado, son del 70 por ciento. Esta probabilidad va reduciéndose un 10 por ciento sucesivamente cada minuto que pasa sin realizar compresiones torácicas, debido a la falta de oxígeno a la que se ve expuesto el cerebro durante el tiempo que dura la parada cardiaca. Por ello, el riesgo de lesión cerebral también aumenta un 10 por ciento cada minuto transcurrido tras este episodio, pudiendo padecer hemiplejia, déficit de memoria, de habla o de movilidad de manera temporal o, incluso, irreversible.

Nekane Murga, secretaria de la Sección
de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria
de la Sociedad Española de Cardiología.

Tal y como recomienda la nueva versión de estas Guías, publicadas en 2010, tras la parada cardiaca de un individuo resulta imprescindible confirmar la inconsciencia y la falta de respiración, aunque puede persistir una respiración suave e irregular durante el primer minuto. La causa más frecuente de pérdida de conciencia es una lipotimia, que es benigna, transitoria y no precisa reanimación, así que conviene detectar bien los síntomas. La lipotimia y la parada cardiaca se pueden distinguir fácilmente, ya que en la lipotimia persiste la respiración y se recupera la conciencia en menos de uno o dos minutos. En tal caso, se recomienda tumbar al individuo y levantarle las piernas.

Ante la sospecha de una parada cardiaca, se deberá llamar al teléfono de emergencias 112, dando un mensaje claro y sin demoras, alertando del estado de inconsciencia y de la falta de respiración del individuo e informando de la presencia o ausencia de dolor torácico y de los antecedentes de enfermedad cardiaca, en caso de que los hubiera.

Lo antes posible, se procederá a la realización de 100 compresiones torácicas por minuto, obviando, en un principio, las ventilaciones (boca a boca), al menos hasta que llegue personal experto. Gracias a estas compresiones en la región central del pecho, realizadas con ambas manos entrelazadas, conseguiremos descender y ascender el esternón unos cinco centímetros cada vez, lo que moverá la sangre dentro del corazón y del tórax, y, en consecuencia, activará la circulación en todo el organismo.

La formación continuada resulta imprescindible

El 20 por ciento de las personas que sufren una parada cardiaca no sólo puede sobrevivir, sino que puede quedar sin secuelas si el familiar, amigo o persona que visualiza el episodio realiza una reanimación básica de forma precoz y sin esperar al personal especializado. En la actualidad, menos de un cinco por ciento lo logra. En este sentido, Nekane Murga, secretaria de la Sección de Cardiología Clínica y Extrahospitalaria de la SEC, ha indicado que “resulta imprescindible la formación continuada tanto a los especialistas de la sanidad como al público general, en especial a los familiares de los cardiópatas o al personal que trabaja en lugares muy transitados como colegios, estadios deportivos o centros comerciales, donde, además, deberían haber desfibriladores”.

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